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jueves, 22 de marzo de 2007

Murcia. Feria del libro. La Puerta Falsa. 21 de marzo
(sesión 46)

Allá vamos otra vez, a la Feria del Libro de Murcia que el año pasado resurgió con tanto empuje. Si eres de Murcia ya estás tardando en hacerte con un programa, que traen gente muy buena, que te lo digo yo.

Este año me llevaron a contar a uno de esos locales con solera: La Puerta Falsa. Miles de personas y de grupos han cantado, recitado, actuado, y tantas cosas más antes que yo por aquí. Eso hace que las paredes se impregnen de sabor. Los locales son como el vino hay que darles tiempo y éste parece ser un gran reserva.

Me encuentro con las personas del Colegio Micaela Sanz donde raticos tan buenos pasamos la semana anterior, qué gusto veros por allí. Y personas como Clara la biblioactiva, que es a quien se le ocurre cada año que venga por esta feria y muchas otras cosas se le ocurren asómate si quieres a su blog. También estaban Ángel y Carmen, los Tan Tan Teatro, que se encargaron de recibirme como si fuera un señor. mira que guapos:

Y bueno, ya se sabe, las palabras van trayendo las risas y, mira, nos vamos sintiendo cómodos. Tanto, que llega el momento de dar una primera oportunidad a una historia que no partía como titular. Conté por primera vez para adultos el cuento “Lejos”, que no da nada de risa y que creó un momento emotivo que algunas personas me agradecieron sin saber (aunque se lo dije) que era yo el agradecido. Lejos empieza así:

Cuando le dijeron a Alberto que su tía Marta se había marchado, decidió ir a buscarla. Metió en la mochila un puñado de canicas para no olvidar que era un niño. También una foto de su tía, aunque no tardó en sacarla, no quería llevársela así, tan quieta y callada.
Cogió algo de pan, de agua, algo de abrigo y echó a andar hacia donde los adultos le habían dicho que estaba:

“Lejos, Alberto, la tía Marta se ha ido muy lejos.
Lo más lejos que puede uno irse.
Allá de dónde no se vuelve”.

“Pues si no va a volver, tendré que ir yo a buscarla”, se dijo.
Y también, “lejos, lo más lejos debe ser al otro lado del mar”.

Y Alberto anduvo los caminos y llegó al mar.
-Mar, ¿sabes tú dónde está mi tía Marta?
Y el mar miró en los barcos que le surcaban la espalda en ese momento,
preguntó el nombre a todos los ahogados que le vivían dentro y respondió:
-No, conmigo no está.
-Entonces, puede que haya ido a tu otra orilla.
-Puede, pero si me pasó por encima lo habría notado. A lo mejor lo sabe el viento. Él llega más lejos que mis orillas...

Al acabar, el dueño del bar se marca un detalle: había estado grabando en secreto la sesión y me entrega una copia. Gracias, por esta vez no te denunciaré. Os dejo aquí un trocito para los que no pudisteis venir. El cuento "Cape", una historia que llevo aaaaaños contando, que tenía un poco abandonada pero, vete tú a saber el motivo, apareció de repente.

(El enlace anterior no funcionaba, a ver con este)


lunes, 19 de marzo de 2007

Murcia. Archena. Colegio Micaela sanz. 15 de marzo
(sesiones 42,43 y 44)

Y en este colegio acabo la gira murciana por tres centros que celebran (no se puede usar otra palabra) actos de animación lectora.

No es justo, piensa uno, haber nacido demasiado pronto y no haber disfrutado de cosas así.

Vaya lío que montan, en los tres colegios. Uno tiene la sensación de que le han sacado las tripas a los libros y por los pasillos te encuentras personajes, emociones, escenarios de aventuras... como para no buscarlos luego en los libros.

Madre mía qué manera de disfrutar los cuentos, de niños y adultos. Sabe uno, pero se lo confirman cosas así, que el entusiasmo es uno de los virus más contagiosos y por allí campaba a sus anchas, de adultos a niños y viceversa.



Leímos con las orejas historias que iban por el aire. Se quedaron con ganas. ¡Qué avidez de palabras tienen las personas que ya saben lo que es disfrutarlas! Les emplacé a las historias que se leen con los ojos y que van en el papel.

Un placer, Alonso, muchas gracias por dejarme disfrutar de vuestro entusiasmo.

domingo, 18 de marzo de 2007

Murcia. Colegio Nuestra Señora de la Arixaca. 14 de marzo
(sesiones 38, 39, 40 y 41)

VIII Encuentro de animación a la lectura y escritura.
Bueno, tercer año consecutivo que aparezco por este colegio, como cada año, me encuentro más a gusto que el anterior. Cuento cuentos ante un público selecto. Personas de diferentes edades acostumbradas a escuchar.


Cuento a todo el colegio, en grupos pequeños y de una edad similar... qué más se puede pedir. ¡Educadores del mundo, no decaigáis en vuestra labor! Que el trabajo es lento pero da su fruto. Cuando a unos niños les han contado cuentos año tras año se nota. Es como si aprendieran a escuchar.

Encima estabas por ahí Oscar, y me hiciste recordar mi paso por Edebé, me gustó. Lástima que no coincidimos en un descanso.

Murcia. Abarán. Colegio Juan XXIII. 13 de marzo
(sesiones 35, 36 y 37)

Martes y trece y nada más empezar la semana se produce la captura del segundo gigante del año. Una giganta esta vez. La bautizo con el nombre de Atzerlarin, que en el idioma perdido de los gigantes significa “la bella mujer de largos cabellos que mira al cielo”. Cuando paséis por el kilómetro 88 de la autovía que une Albacete con Murcia si vais en ese sentido, la encontráis a la derecha. Pitadle, por favor, eso le gusta.


De dirigía a Abarán a empezar mi semana murciana en el colegio Juan XIII. Allí me encuentro con Antonio, andamos buenos los dos, yo constipado y él afónico, un comienzo así solo puede acabar bien. Cuento cuentos para alumnos de 2º y 4º y aun queda un ratillo para contarles algo a unos agradecidos alumnos de cinco años.


Por la tarde, tras pasear por la vera de un río con agua (para mi asombro) que estaban arreglando y dejando bonito (para mi asombro) doy una charla a la que asiste un buen número de madres y un padre (¿dónde nos metemos los hombres cuando hay actos de este tipo?). “Aprende a contar un cuento” le llamamos a la charla, aunque ellas ya saben, es solo por reflexionar, por compartir experiencias y por tener la ocasión de decirles que los profesionales contamos historias a sus hijos pero los cuentos que sus hijos recordarán toda la vida son los que les contarán ellas (y ellos, ojalá que ellos también).




Por si faltara algo, por la tarde hacemos una pequeña excursión para ver las norias centenarias que todavía funcionan por allí.

Colaboradores