El día siguiente lo pasé suelto por las calles de la parte antigua de Cádiz que es ruidosa, aunque peatonal y bonita.

Por la tarde me esperaba un grupo de personas para que les contara cómo es eso de contar cuentos.

Por la tarde charla “¿Y si contar cuentos no animara a leer?”. A pesar del título, es una encendida defensa de las bondades de la narración oral para acercar a la lectura, pero sobretodo una reivindicación del escuchar cuentos porque sí, como actividad completa y enriquecedora.

De dirigía a Abarán a empezar mi semana murciana en el colegio Juan XIII. Allí me encuentro con Antonio, andamos buenos los dos, yo constipado y él afónico, un comienzo así solo puede acabar bien. Cuento cuentos para alumnos de 2º y 4º y aun queda un ratillo para contarles algo a unos agradecidos alumnos de cinco años.

Por la tarde, tras pasear por la vera de un río con agua (para mi asombro) que estaban arreglando y dejando bonito (para mi asombro) doy una charla a la que asiste un buen número de madres y un padre (¿dónde nos metemos los hombres cuando hay actos de este tipo?). “Aprende a contar un cuento” le llamamos a la charla, aunque ellas ya saben, es solo por reflexionar, por compartir experiencias y por tener la ocasión de decirles que los profesionales contamos historias a sus hijos pero los cuentos que sus hijos recordarán toda la vida son los que les contarán ellas (y ellos, ojalá que ellos también).
Por si faltara algo, por la tarde hacemos una pequeña excursión para ver las norias centenarias que todavía funcionan por allí.