miércoles, 26 de noviembre de 2008

El libro de Claudia

Cuando mi sobrina era pequeña trajo a casa su primer libro, parecía un puñado de hojas grapadas, pero era su primer libro. Me lo regaló, sin darle importancia, casi sin darse cuenta creo yo. Pero a mí el detalle me encantó. No pude evitarlo. Fantaseé con aquella historia y cuando me di cuenta se me había convertido en un cuento. Ahora salió publicado en la revista Clij y yo, agradecido, se lo dedico.

lunes, 22 de septiembre de 2008

MATAMALA. Lo que callan los rincones.

Para uno Matamala es algo más una sesión nueva.
Llevo viviendo con ella más de un año.
Ahora, después de tanto tiempo de crear, ordenar, seleccionar, interiorizar, aprender, olvidar, visualizar... después de haber ido adelantándola, leída trocito a trocito, en entregas quincenales, en Cadena Ser Noroeste de Murcia, por fin ha visto la luz.

El viernes 19 y el sábado 20 tuvo lugar el preestreno en Albacete y Alicante de lo que ya es la sesión de cuentos "Matamala. Lo que callan los rincones".

Mirad que par de públicos he tenido que no me los merezco:


No puedo más que dar las gracias a los amigos y amigas que estuvisteis compartiendo conmigo la alegría de las palabras y los nervios y la inseguridad de lo desconocido.

El día 11 de octubre a las 23 horas haremos el preestreno en abierto.
En la Cafetería Medici, en San Gabriel
(C/Ramón Gómez Sempere, junto a la CAM)

Para los que no estuvisteis os cuento que Matamala fue un pueblo de aquellos que existieron en los años 30, 40, 50, 60 o por ahí, cuando había más moscas que coches, los coches llevaban los caballos por fuera y las calles eran de tierra para poder jugar a las canicas (aunque no había canicas)

Era de esos pueblos que a lo lejos se ven pequeños pero que se van haciendo grandes conforme te vas acercando, aunque tampoco mucho.
Tenía dos o tres calles, según como la miraras.

Matamala estaba cerca de Hierbabuena, localidad con la que, claro, mantenía una visceral enemistad desde el principio de los tiempos.
La patrona era la Virgen del mal yacer o La Gozosa, según fuera el cura que tocara.

Matamala fue uno de esos pueblos que tuvieron torre desde la que se lanzó un burro por el campanario cada año hasta que el cura se negó y los mozos decidieron tirar la torre. El cura se opuso, pero le miraron así y dijo "bueno, bueno, tirad la torre. Pero como tradición no os va a valer" y finalmente tiraron al cura y al año siguiente la torre y un año después empezaron un campeonato de mus con la conciencia tranquila y la satisfacción por el deber cumplido.

Vivimos la boda de Ladislao Pérez, el guardia civil (curiosamente tuve un abuelo en la vida real que se llamaba Ladislao Pérez, esto es cierto) experto en disolver tumultos de gente y grumos de bechamel, que para él era lo mismo: sacaba la porra y hale, hale, hale hasta que se disolvían. La novia fue Paca la panadera, nacida en Cente, provincia de Guadalajara, que terminó viviendo en Matamala por los avatares del destino. Como era deCente la acogieron bien, aunque los hombres empezaron a morir al poco de casar con ella. Terminaron diciéndole la viuda negra, pero siempre flojito y en su ausencia.

La boda... ¿pues que vamos a contar? Una de esas bodas en que los comensales empiezan a lanzarse miguitas de pan y terminan orientando a un piloto de Iberia que ha bajado a preguntar por la dirección hacia Cuenca.

También conocimos a Patricio, que le llamaban el desgarbao, auque él era poeta. Era poeta porque las palabras le habían elegido para que las retratara. Porque llamaba a los árboles por su nombre propio. Porque si cerraba los ojos era capaz de escuchar los pasos de las personas que habían pisado aquellas calles antes que él y si había silencio hasta llegaba a oír el transitar del mundo sobre sus antiguos ejes oxidados.

Era poeta especialmente por su manera de enamorarse. El pobre, fue a darle su primer beso a Roberta. Roberta era hija del cura. La habían hecho deprisa y corriendo y con apuro, fruto de alguna penitencia o un agacharse sin mirar. Fuertota y grande, aunque bien proporcionada, menos la cara que el Señor se la fue dejando para el final y con las prisas no le dio tiempo a rematarla.
Patricio descubre un mar adentro de aquella mujer "si la miras mucho rato se te arrugan las yemas de los dedos", llegó a decir...
Los labios de Roberta y Patricio fueron a juntarse en unas fiestas para indiferencia de la una y desgracia del otro.
Aunque parezca mentira, aquel encuentro dio lugar a LA LEYENDA DEL BESO.

En Matamala, gustaban mucho eso de las leyendas. La del beso, que contaba Patricio, era la más gustaba, pero había más: La del jabalí gordo, La del besugo sargo, la de la vieja del candil, y la de las mujeres canela. Esta última la cuenta Evaristo, el protestante, que empezó dando la lata porque le echaban a perder el bancal de maíz, cogió carrerilla y ahora se queja por todo.
Pues estando en un accidentado partido de fútbol, justo mientras hacían la repetición del gol a cámara lenta, le llegó un fuerte olor a canela. Cuando miró en la dirección de su origen descubrió a la que parecía ser la chica de la curva (que dobló así la esquina y desapareció). Evaristo fue con la intención de darle la bienvenida y... bueno, digamos que casi pierde la vida... o que casi la encuentra.


Pues eso, ya ha echado a andar esta nueva sesión.
Espero preestrenarla algunas veces más y darla a conocer al público el próximo enero.


www.pabloalbo.com
Si buscabas las fotos de las actuaciones, las tienes en www.pabloalbo.com/2008/2008.htm

viernes, 7 de diciembre de 2007

Cuenca. Iniesta. 4 de diciembre 2007.
(sesiones 203 y 204)

La biblioteca de Iniesta es hoy por hoy el lugar donde más cuentos he contado por primera vez. En esta ocasión le tocó el turno a Hormigas caramelizadas: Tres hormigas que se encuentran su camino atravesado por una tela de araña y aunque lo intentan no encuentran el valor suficiente para atravesarla. El nuevo camino les llevara a un territorio nuevo, dulce, sabroso desconocido para ellas: el interior de un pastel…

En esta ocasión la foto la hice de la bibliotecaria, para seguir con el catálogo. Pero, Almudena, mejor hacemos otra. Me matarías si la pusiera.
Madrid. Las Rozas. 29 de noviembre 2007.
(sesión 202)



Madre mía que de personas había en aquella biblioteca. Un montón. Menos mal que aquí cuidan su hora del cuento, más que eso. Me sentí constantemente apoyado por personas que hacían comprender a niños, niñas y madres (algún padre había también, es cierto) que los cuentos están hechos de palabras y que este material tan frágil necesita el silencio para sobrevivir y transmitirse.

Salimos vivos.

Y contentos.

Salamanca. 28 de noviembre 2007.
(sesión 201)

No hay gafe que cine años dure. Este me duró una sesión, menos mal. En la sala El Quijote lo pasamos bien. Sí señor, sí. Esas orejas que ve usted en la foto (y todas las demás que no cabían en la cámara) eran expertas orejas escuchadoras.
Salamanca. 27 de noviembre 2007.
(sesión 200)

Existe un dicho que advierte a los narradores
“Cuando la sesión número 200 hagas, si no llevas cuidado la cagas”.

Chico, contento como iba de tan redonda cifra: doscientas sesiones de cuentos, es como para hacerles el viaje gratis a estos turistas de las palabras. También contento de la última sesión para adultos del Bilbo-Rock donde tanto placer compartimos. Y, mira, me atrapó la maldición. Aunque cuidado llevaba, juro.

Yo todo el rato pensaba ¿Pero que ocurre?Aun sigo sin saberlo. El frío salmantino, que se nos metió en los huesos o vete tú a saber. Si digo que salió bien, miento.


Menos mal que por lo menos conocí a este par de sinvergüenzas de la foto y los sinsabores entre tres son menos. Se hacen llamar Chopito y Mamón. No los he visto en escena pero la cosa promete.
Vizcaya. Plentzia. 26 de noviembre 2007.
(sesión 199)

Acostumbrado uno a contar en casas de cultura, bibliotecas y cosas así, uno se descoloca. El día anterior en una iglesia, hoy en una sucursal bancaria… La verdad es que las palabras están invadiendo lugares insospechados. Y creíamos que lo habíamos visto todo.

No me atreví a sacar fotos, aunque seguro que las cámaras de seguridad registraron toda la sesión. No tengo acceso a la grabación. Imagino que saltó la alarma cuando pedí a todos los asistentes que levantaran los brazos, parecía un atraco, pero estábamos haciendo de hormiga.

Colaboradores